DISCURSO DÍA DE LA MUJER, PROFESOR ANDRÉS GONZÁLEZ

Es sabido que históricamente ha existido una superioridad del hombre sobre la mujer, en donde esta ha sido resignada a las labores domésticas y excluida del ámbito público, sin embargo, hoy en día podemos observar que existe una imperiosa necesidad de un cambio cultural para lograr una transformación de esta injusta realidad, para así lograr la consecuente igualdad civil, política, laboral y también por qué no, familiar y deportiva.
¿Por qué vemos hoy en día a una mujer más empoderada? incluso aquello lo podemos observar en nuestra propia realidad-colegio, donde nos percatamos, que existe una mayor cantidad de mujeres que hombres.

La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en diversas explicaciones, tanto de carácter histórico como cultural, es decir, observamos que paso a paso, a baja y alta velocidad, pero con a plomo, fuerza y constancia, desde tiempos inmemoriales, la mujer ha dado y da vida y sentido a la misma; ha inspirado e inspira la letra de infinidades de poemas, pinturas, esculturas, canciones, y otras expresiones de arte.

Sin embargo, más allá de esas buenas intenciones, se ha paralelamente levantado una paradoja que es importante identificar: a veces esa misma mirada y su tratamiento, le han otorgado un carácter romántico y de ser exclusivamente objeto de belleza, no dándole un realce en función de una igualdad real, que hoy imperiosamente se reclama.

Entonces, creemos que es necesario ampliar esa mirada para así ir estableciendo y conquistando su propio espacio en la historia al reclamar ser una ciudadana tan válida como el hombre: ser un sujeto con igualdad de derechos en función de una sociedad más justa, que dicho sea de paso, va de la mano con nuestros valores institucionales como colegio y que se vincula con nuestro propio proyecto educativo basado en el humanismo laico, donde no debemos establecer diferencia de género en base a una educación no sexista, y en eso, los profesores tenemos mucho que decir.

Hoy creo que es significativo, precisamente en esta conmemoración del día de la mujer, motivo que nos convoca a reunirnos aquí, recalcar la importancia de las demandas que, si bien es cierto han avanzado comparativamente a otras épocas, aún así quedan muchos aspectos por conquistar.

¿Pero es suficiente? ¿Hoy en día encontramos igualdad total o aún falta por avanzar en esa plena igualdad?
Creo que aún queda mucho por construir en términos de los derechos sociales y de oportunidad, pero progresivamente vamos, con esperanza, marchando hacia una verdadera inclusión en todos los apartados que han sido históricamente patrimonio exclusivo del hombre.

Sabiendo todo esto, permítanme darme una licencia y rendir un homenaje a cada mujer consciente, luchadora, madre, que muchas veces logra salir adelante venciendo situaciones adversas que se le han ido presentando en la vida producto de una cultura machista.

Así mismo, me voy a permitir recordar a una de las mujeres que ha sido fundamental en la formación de mi ser: y ella es mi abuela, Juana Godoy del Carmen, que algunos de ustedes, mis amigos acá presentes, han tenido el privilegio de conocer: “La Mamá Juana”, que agradezco a la vida el haberme permitido crecer junto a ella, porque sin ella, yo hoy no estaría parado acá frente ustedes leyendo estas honestas palabras. Ella se erige como representación de todas ustedes, y ha cumplido una serie de roles en mi vida personal, pero también dentro de la sociedad: una amiga, compañera, madre, trabajadora, profesional, educadora, ama de casa, artista, deportista y sobre todo el ser mi abuelita. Y es por eso que hoy, cumpliendo el desafiante, pero a la vez maravilloso rol de profesor que ejerzo, logro identificar en cada una de mis estudiantes con las que comparto en un aula o en un gimnasio, una pequeña “mama juana” que habita en ellas, por lo que mi responsabilidad hacia con esas mujeres, es que alcancen el desarrollo pleno en todos los ámbitos que se propongan, en homenaje a mi querida mama Juana.

Y para finalizar, y como reflexión última, quiero invitar e invitarme a mi mismo, y a todos los hombres presentes que hemos sido construidos generacionalmente bajo códigos del machismo, a poder identificarlos, para así, honestamente, ir caminando hacia una tan necesaria igualdad en todos los ámbitos de la vida social. Me despido con una frase de Rosa de Luxemburgo, que dice así: “ por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

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